jueves, 16 de septiembre de 2010

Negranieves

Había una vez un castillo abandonado que quedaba en un bosque espinoso y oscuro que de solo verlo daba miedo. En él vivía una niña llamada Negranieves cuya única compañía era una lora llamada Catita.
La niña Morena estaba perdida hacía ya mucho tiempo. Su único deseo era encontrar a sus papás.
Un día decidió salir a caminar para buscar a sus padres. Llegó la noche y Negranieves se quedó dormida debajo de un árbol. De pronto, Catita comenzó a gritar:
-¡Negranieves! ¡Negranieves!
Como la niña estaba profundamente dormida no la escuchaba. Fue en ese momento que apareció Facundo, el tigre. Cuando Negranieves se dio cuenta de que algo le respiaba en la cara despertó, se levantó y echó a correr deseperadamente mientras gritaba:
-¡Catita! ¡Catita! ¡Abrí la puerta!
Catita abrió y cerró la puerta para que Facundo, el tigre, no pudiera entrar.
A la mañana siguiente Negranieves tuvo una gran sorpresa. ¿Saben qué era? Una sorpresa muy grande para ella. Aparecieron sus papás como si nada. Ese día era el día más lindo de toda su vida. Charlaron mucho. Sus padres le explicaron por qué la habían dejado en ese castillo sola con su Catita y ella comprendió todo.
Negranieves se había amigado ya por ese tiempo con el tigre Facundo. Catita no se llevaba muy bien con el tigre pero por fin vivieron felices para siempre.

por Rocío Mansilla y Aldana Zolorza

lunes, 16 de agosto de 2010

Un veneno

Todo esto comenzó una tarde de verano del 2002 en Alta Córdoba, provincia de Córdoba. Fue cuando el joven Genaro Toledo y sus amigos decidieron no ir al colegio. Fue en ese instante cuando uno de sus amigos, Pablo, y compañero de Genaro dijo:
-¿Qué les parece si fumamos?
A lo que Genaro respondió:
-No sé. Tengo miedo a que nos encanen.
Él le respondió:
Genaro, ¡no seas cagón!
Al rato él le contestó:
-No soy cagón. No lo quiero hacer y fue.
Fue entonces cuando sus amigos, ya todos con la idea de Pablo, empezaron a tratarlo de cagón.
Ya cansado de oírlos decir lo que pensaban de él, en ese momento les pidió que se callasen y les dijo:
-¡Ay! ¡Está bien! Fumemos un cigarrillo. ¿Qué daños nos puede hacer?
Pero su ignorancia no le permitió saber de qué tipo de cigarrillo se trataba. Sucedió en ese momento que Pablo sacó el cigarrillo pero el despistado no se dió cuenta de que no era un cigarrillo aunque parecía serlo. Era un cigarrillo de marihuana.
Sin preguntar ni exclamar ninguna queja, Genaro tomó el cigarrillo y lo llevó a su boca.
-¡Guaaauuu! ¿Qué es esto?
A lo que le contestaron:
-Marihuana, a lo que le decimos 'porro'.
Escuchó de sus amigos. Bueno, los que él creía que eran sus amigos ya que un verdadero amigo no ofrece ese tipo de cosas.
Fue allí, en ese instante, cuando todo parece jugarle en contra, hasta la misma y verdadera amistad.
Alguien los vió, los había seguido.
-Mi hermano...
Se escuchó seguido de un susto, un grito.
Su hermana era más joven que él pero ella lo seguía a todos lados sin que él se diera cuenta. Siempre lo vigilaba, hacechando como un puma. Ella corrió, corrió y corrió en dirección a su casa. Genaro siguiéndola y gritándole que se parace, tropezó y cayó al piso con gran fuerza.
Para cuando llegó a su casa su padre y su madre lo esperaban sentados en la sala. Él, con miedo y un nudo en la garganta, entró a su casa a las escondidas y tratando de no ser visto ni de emitir ningún ruido. En el instante en que subía las escaleras oyó:
-¡¡¡Genaro!!!
Quedó paralizado y temblando de miedo respondió:
-Ya voy.
A lo que le contestaron:
-¡¡¡Vení ya y sentate en el sillón!!!
Escuchó reto tras reto, sermón tras sermón y terminó castigado pero sus padres no se dieron cuenta que su hijo ya había caído en la tentación de la droga la cual se parece a una tela araña en la que caés y muy pocos salen sin pagar las consecuencias.
Hoy es14 de noviembre de 2009 y Genaro ha abandonado el colegio hace mucho tiempo. Se olvidó de la vida que llevaba, de sus sueños y su futuro. Hoy él vive y trabaja para tener su droga todos los días (marihuana), la cual le hace creer que tiene todo y lo encierra en una burbuja de vidrio e inseguridad hacia sí mismo. Siendo un adicto más por no haber escuchado los consejos que en su momento oyó, se castiga sin parar pero sin poder dar marcha atrás y dejar esta vida.

por Esteban O'Higgins